Dejamos Yosemite, y en los días sucesivos, nos dedicamos a pasear en camioneta, para así recorrer la ruta 1, ruta costera que nos conduciría como destino final a Los Ángeles.
Lo lindo de esta nueva travesía, era que viajábamos sin apuro, y nos podíamos quedar en el pueblito que más nos gustar
a a dormir, ya que no teníamos nada reservado. Eso nos dio tiempo también para parar en varios lugares a mirar el paisaje, especialmente los hermosos atardeceres en las costas del Pacífico.
La primera noche, paramos en un pueblito que no recordamos su nombre. Y conseguimos hotel, a un precio bastante accesible. La segunda, nos detuvimos en una ciudad llamada San Luis de Obispo, una comunidad que nos sorprendió porque vimos que tenía bastante vida nocturna. Así que nos alojamos ahí, y nos fuimos a bailar al centro. Estaba lleno de jóvenes. En el primer lugar que entramos, no sabemos bien qué fue lo que hicimos pero desalojamos a todos. Al final nosotros nos fuimos también, porque no había gente!!!.
El segundo lugar al que entramos, estaba atestado de gente, y para nuestra sorpresa, no se fueron!!!! Jejeje!!!. Estuvimos bailando con gente de ahí, todo el mundo super bien –dos por tres estábamos haciendo como un círculo entre nosotros y alguno de los oriundos del lugar se metía en el medio y empezaba a bailar!!!. Toda la gente muy bien, con muchas ganas de divertirse.
El tercer día ya nos íbamos acercándonos a Los Ángeles. Al llegar a Monterrey, nos tomamos un barco para hacer avistamiento de ballenas, aunque lo que vimos eran orcas y no ballenas blancas, como se suponía íbamos a observar –según la gente del lugar-. Las vimos de lejos. Lo que sí vimos bien fueron lobitos de mar que estaban sobre las rocas.
De Monterrey pasamos por un convento de la época en que la zona era de los mejicanos –con fuerte influencia de la colonia española- y de ahí, derechito a almorzar a Malibú. Ya se siente la cercanía del aire descontracturado de Los Angeles. Y como ese día era Viernes Santo, comí sándwich de atún en el Subway que se nos atravesó en el camino.
Poco a poco, los edificios de la zona financiera de Los Án
geles empezaban a aparecer en plena ruta. Minutos después, la mayoría de los que trabajaban en consultoras importantes ya habían encontrado la sucursal en Los Ángeles de su empresa, y ya estaban preparándose para el traslado!!!
El tránsito estaba muy peligroso, y los autos tienen la manía de irse cambiando de carril continuamente, sin dejar de avanzar. Para nosotros, poco acostumbrados a las supercarreteras, nos daba un poco de tensión estar en esta situación, pero a pesar de esto, llegamos a Los Angeles sanos y salvos.
Esta noche tampoco teníamos el hotel reservado, sólo la noche de mañana, noche previa a la salida en avión hacia Hawaii, que nos quedábamos cerca del aeropuerto. Pero hoy, pensábamos quedarnos en pleno Hollywood. Y de hecho fue eso lo que hicimos. Conseguimos hospedarnos en el Hotel Hollywood, un hotelucho barato, similar a los que íbamos, por lo que nos quedamos felices por encontrarlo. Pedimos pizza a “domicilio” en Pizza Hut, y cenamos en el hotel. Recorrimos un poco esa noche, caminamos por la calle Hollywood, y visitamos Beverly Hills –aunque vimos poco, estaba todo oscuro!!-. Más temprano llegamos a recorrer la calle Hollywood a pleno sol, y puedo decir que si bien me gustó ir, no es una cosa que valga tanto la pena. En general, a uno le hablan de Hollywoo
d y se imagina un lugar espectacular. Y uno está acá, y se encuentra con que lo único que tiene es sólo una calle, está el teatro chino, pero no es tan grandioso, el resto de la calle son tiendas de souvenirs y está lleno de gente vestida de Terminator, de Bob Esponja, o de lo que sea, que a cambio de unos dólares permite que se saquen una foto con él. También están ahí todas las personas que tengan algún tipo de talento todavía no descubierto por los cazatalentos que se supone que abundan por estos lados. Así, vimos a una nenita que cantaba –y su familia alrededor acompañándola y juntando el dinero que la gente daba-, a un grupo de bailarines, un músico... y los ejemplos siguen...
De los famosos, lo único que se ve son las estrellas marcadas en el piso, con un dibujito abajo que indica si es cantante, director o actor de cine. También vimos en el Teatro Chino, las manos marcadas de famosos, con inscripciones que hicieron.
En las tiendas de souvenirs, abundan las estatuillas de los premios Oscars, con las leyendas: Oscar al mejor amigo, Oscar al mejor tío... Y después, están las chapas de auto q
ue dicen Hollywood, entre mil cosas más.
Entre el Teatro Chino y el Teatro Kodak –que está del otro lado-, hay un mirador que tiene como un shopping y muestra directamente el cartel de Hollywood, en plena montaña. Estuvimos recorriendo hasta que nos cerraron ese mirador.
Mucho más tarde, volvimos al hotel para pedir las pizzas. Ya en el hotel, y luego de cenar, planificamos la salida de mañana, día en que visitaremos Universal Studios.
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