San Francisco - USA

31-03-07 al 02-04-07

Ciudad de la diversidad

San Francisco nos recibió en su aeropuerto pegadito al mar, donde para aterrizar se debe tocar casi el agua y entrar a la pista.
Buscamos el viejo hotel que nos albergaría en estos días, atendido por unos hindúes que estaban felices de que fuéramos a visitar luego sus tierras natales.

La primer recorrida no fue la mejor. Fue en la noche de ese día, luego de haber encontrado un local de Apple con Internet gratis, donde nos instalamos para mandar mails a nuestras familias. De ahí, fuimos a recorrer el centro, pero en la calle principal, se congrega por la noche mucha gente borracha o drogada, que nos hablaba o se nos acercaba. Tal vez no querían hacernos daño, pero nosotros salimos corriendo, asustadísimos.
Terminamos comiendo todos metidos en una habitación del hotel, organizando un picnic con las cosas del super.

Los días posteriores nos hicieron ver “La otra cara de San Francisco”. Una ciudad alegre, con una diversidad étnica y social muy importante –tiene un barrio gay, un barrio chino, un barrio italiano -barrios que visitamos- y creo que me están faltando más casos de barrios específicos. Y hay mucho para recorrer, a pesar de que –paradójicamente- todo se pueda hacer caminando en pocos días.

Vimos acá los famosos tranvías, sin entender del todo el tema de las paradas: la gente parecía bajarse donde le parecía, vimos tranvías parar en la mitad de la cuadra... Igual, no sé bien cómo es el tema.

Subimos a la Coit Tower, una torre que está sobre un cerro desde el cual se puede apreciar una muy linda vista de la ciudad, de la Bahía y de la isla de Alcatraz.
Hay un ómnibus que sube a cada rato, pero no sé bien a quién se le ocurrió hacer -esto también- caminando... o mejor dicho: subiendo los pequeños escaloncitos hechos para escalar el cerro de esta forma. Al llegar, se puede ingresar a la Torre, a la que se accede en ascensor.
Bajamos en un bus que transitaba entre las callecitas empinadas, haciendo mucha fuerza con el motor, pero después que nos acostumbramos hasta nos parecía divertido.

En San Francisco se sumaron Mauricio Santellán y Juan Siutto al grupo, así que íbamos despacito creciendo en número. Los fuimos a buscar al aeropuerto, y apenas llegaron, ya los atomizamos a cuentos:
-Qué felicidad ver caras nuevas!!!
-Nos nevó en el Canyon!!!
-En Las Vegas nos quedamos a dormir en el aeropuerto porque perdimos el vuelo!!!
-San Francisco está buenísimo, van a ver!!!!
-No!!! No les digas nada y que ellos lo vean!!!...

Recorrimos el famoso Golden Gate, y me provocó escalofríos al verlo. Fue uno de esos momentos en que uno toma conciencia de que está tan lejos de casa...
Lo cruzamos en la camioneta y nos fuimos hacia un mirador, donde aprovechamos para sacar fotos al puente, a la bahía, al puente con la bahía, a nosotros disfrutando del paisaje y hacer alguna filmación corta con las cámaras nuevas que casi todos acabábamos de comprar.
El Golden Gate no es el único puente con esa forma en San Francisco. Pero sí es el más importante, y el que atrae todas las miradas, especialmente de los turistas.


Cruzándolo, se puede acceder a Sausalito, que es una especie de balneario muy pintoresco al cual le dedicamos una tarde de visita. Con casitas muy coquetas y pintadas de colores pasteles, Sausalito tiene costas a la bahía, y una gran zona comercial.



Otro día recorrimos la ciudad hasta el puerto, donde reservamos el ticket para ir a Alcatraz –mucho cuidado si quieren ir porque hay que sacar la entrada con días de anticipación-. Nosotros casi nos quedamos sin ir, conseguimos para el último día.


En el puerto, todo se divide en muelles, llamados los piers, todos numerados para identificarse correctamente. En uno, salen los barcos a Alacatraz. En otro, hay una serie de restaurancitos preciosos y una movida de turistas espectacular.
Entre los paseos que hicimos a las afueras de San Francisco, con las camionetas, visitamos la Universidad de Berkeley, famosa Universidad con un predio muy grande donde se encontraban todas las facultades, con un parque en común, donde el verde y la tranquilidad se hacían notar. Poco después empezamos a ver alumnos en las calles, con carteles, hasta que notamos que estaban en plenas elecciones universitarias, e incluso se nos acercaba gente muy sonriente para charlar sobre sus propuestas, que se alejaban apenas les decíamos que éramos turistas.
Pudimos encontrar entre todas a la Business School, y abrimos la puerta de lo que era una especie de Aula Magna, e introdujimos lentamente una cámara que “click!” fotografió la clase.

Fuimos a comer algunas chicas a un parque enorme al centro de San Francisco donde presenciamos un partido de Baseball, y hasta nos dejaron luego los entrenadores hacer algún tiro de prueba con los bates!! Igual, digamos que nosotras no éramos lo mejor golpeando la pelota con el bate, pero nos pareció divertidísimo poder probar.

Cuando visitamos Alcatraz, hicimos una visita guiada mediante unos auriculares que dan en la isla y que relatan la vida en los tiempos de la cárcel. La narración está en el idioma que se pida, y hace mucho más interesante el viaje. Y a pesar de que no los dan con la entrada, hay que solicitarlos y son gratuitos, así que no hay que hacer como yo -y la mayoría del grupo también- que recién nos dimos cuenta que eran gratis cuando ya habíamos recorrido media cárcel!!!.
Los presos tenían una vista hermosa desde las celdas, pero era difícil escaparse de allí. Se hace un tour por las celdas –inclusive nos metieron en una que era totalmente oscura para probar la experiencia- y se recorre también la cocina, el comedor, los exteriores, la sala de visitas, etc.
La isla me gustó mucho. Fuimos y volvimos en barco, en un día espectacular, como la mayoría que nos hicieron en San Francisco.

Pero el frío se mantenía, y allí nos empezábamos a dar cuanta que el calorcito Montevideano de fines de marzo se nos había esfumado...
Como en la mayor parte del viaje viajaríamos hacia zonas extremadamente cálidas, nos habían aconsejado que sólo lleváramos de abrigo –para no cargar tanto- el uniforme del grupo, que cuenta con unas camperitas de tela polar de color verde, muy apropiadas para perderse en la mitad de un aeropuerto con miras de que el resto pueda encontrarlo a la distancia sin sobresaltos.
Fue por esto, que ya hacía varios días que estábamos de recorrida por una ciudad chiquita, y los habitantes nos empezaban a individualizar. La frase más común que nos decían era llamarnos el Green Team, con sonrisa posterior por la consonancia con el Dream Team. Y luego las preguntas obligadas: Qué tipo de equipo son? A qué juegan?. Y ahí, la explicación: el viaje, las rifas, los premios, la facultad...y mientras más avanzaba nuestra narración, el que preguntaba menos lo podía creer.

A todos nos gustó mucho San Francisco. La bahía en la noche con los puentes tiene un encanto particular. Los pubs y la cultura alternativa le dan un toque diferente a otras, que sencillamente, la hace única. Y el entorno natural de calles zigzagueantes y con repechos le da un toque especial, junto a los tradicionales tranvías que recorren las callecitas. Me despido de esta ciudad hermosa, sin dudas, hasta la próxima vez que vuelva...

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